Romantic feelings…
Valentino Couture, Printemps-été 2012
Amy, R.I.P
Jean Paul Gaultier Couture, printemps-été 2012
Giambattista Valli, Haute Couture, Verano 2012
¡Viva Mexico, cabrones!
Lagerfeld imagina Bombay
Chanel, Pre-Fall 2012
Marni para H&M
Mientras todos los rumores apuntaban a Tom Ford, el gigante del low cost sueco ha anunciado su próxima colaboración. La firma italiana Marni invadirá las perchas de sus habituales tiendas seleccionadas el próximo día 8 de marzo para comercializar una colección que muchas fashionistas ( entre las que me incluyo) ya han empezado a esperar con ansia. Recuerdo perfectamente el día en el que conocí la firma: mi amiga Joy acababa de comenzar a trabajar en el corner de una marca que desconocía, en la primera planta del ‘Bon marché’, unos almacenes ultraconocidos del mundo del lujo parisino. Habiamos quedado para comer y yo la tenía que recoger. Me enamoré literalmente de los tejidos sesenteros y zapatos de colores diseñados por Consuelo Castiglioni.
Por eso pondré el despertador a una hora extremadamente temprana y quedaré con Paula y Patry, mis compis de batalla, para comprar como una posesa . ¡Can’t wait!
Nivea España busca blogger…
Pues eso, que cuando mi querido Martin y los chicos de El cañonazo me propusieron una colaboración con Nivea, ni me lo pensé dos veces, dándoles un gran ‘sí’ y currándome con ellos este resultado…
En tierra de nadie
Dos meses sin escribir. Sigo igual que siempre: creo que nunca conseguiré la regularidad narrativa que siempre prometo. Últimamente, me ha faltado el tiempo, pero también las fuerzas. Trabajar en la redacción de una revista es maravilloso, pero requiere dedicación y quita ganas de escribir más aún al terminar la jornada. Tengo mucho que contar…y no sé por dónde comenzar.
Con mi amiga Mariem, en Madrid. Ignorando las distancias.
Acabo de regresar de París. Necesitaba ese viaje. Vivir entre dos países, dos ciudades, provoca una indecisión constante y comparaciones reiteradas: nunca sabes con cúal quedarte. Inquietud añadida a mi carácter y su crónica insatisfacción.Qué decir de París… La echo de menos. Echo de menos el chic que se respira por la calle, la oferta cultural, los paseos por el Sena, sus panaderías y sus sesiones de cine de las 10 de la mañana. Echo de menos todo lo que detestaba cúando vivía allí. Hasta el olor del metro me parece ahora agradable.
La semana pasada, visité el Musée des arts décoratifs y su expo de Hussein Chalayan. Más que recomendada. El genio de algunas personas y la imaginación desbordante del diseñador, su forma de expresión me dejaron alucinada.
Tuve la suerte de poder asistir al desfile de Loewe, por segunda vez, y me encantó la propuesta de la firma.
Muero por un vestido de cuero y no dudaré en hacerme con prendas con estampado de lagartijas el verano que viene.
La foto del millión: Anna Dello Russo y Carine Roitfeld le sonrien a mi cámara.
Volví a estar con mis amigas de toda la vida, visité Disneyland París por enísima vez, cumplí 26 años y me di cuenta de una cosa: esté dónde esté, hay cosas que nunca cambian, cosas que hacen que uno sea quién sea y que hay que vigilar, cuidar y mantener, aúnque sea en la distancia.
Vueltas a la realidad
Es un secreto a voces: Ibiza tiene algo especial. Muchos consideran la isla como un lugar en el que reina la libertad. Fiestas a todas horas de la mano de los mejores Dj’s del mundo, jóvenes en busca de diversión, sol, playas impresionantes, lugares tranquilos y opción a desconectarse por completo del resto del mundo. Un mundo al que resulta muy duro regresar. Suelo calificar el regreso de Ibiza de “regreso al mundo real”.
Las “vueltas a casa” me suelen costar mucho. Volver a casa significa volver a obedecer a las reglas de la rutina, regresar al control horario, al trabajo, a la aburrida familiaridad de un hogar, a cierta sumisión… y a reflexiones que pueden llevar a conclusiones deprimentes. Volver de vacaciones significa volver a su “vida normal”, a lo que uno ha decidido (o podido) hacer con su existencia, volver a si mismo, al fin y al cabo.
Ahí está el problema: si la vuelta es tan dura, algo no va bien. ¿Como aceptar que tu vida cotidiana no te satisface tanto como cuatro días de fiesta pasados en un lugar al que no perteneces? ¿Porqué aceptar sumisiones? ¿Quién decide de lo que debo hacer con mis horas, con mis días, con mi vida?
Cuando me vienen todas esas reflexiones y miro a mi alrededor, nada suele animarme. Veo un mundo apagado, resignado, triste y bastante desilusionado. Veo un mundo que necesita irse, huir (mentalmente o fisicamente) de ‘vacaciones’ de vez en cuando para soportarlo todo. Veo a gente que se ha resignado. Afortunadamente, amigos cercanos, mi madre, gente que pueblan mi vida cotidiana siempre terminan levantándome el ánimo.
De repente, una conversación, un abrazo, un momento determinado te devuelven la sonrisa. De repente, un movimiento pacífico te demuestra que no todo el mundo se ha cegado. De repente, miles de personas deciden volver a tomar las calles y gritar su espanto. De repente, vuelves a pasear con los indignados.









































































































